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La vida y la obra de José Balmes están atravesadas por su relación con su contexto histórico y por su relación con el otro, con el mundo que lo rodeaba. Balmes fue un tipo que dirigió su arte a denunciar lo que consideraba injusto del presente y que se involucró en el presente para cambiar, desde la enseñanza y la política, las enormes diferencias sociales que veía en el país que lo recibió. Tal como lo define Carlos Navarrete, quien lo conoció personalmente “Balmes fue un pintor y un activista, de hecho un pionero del activismo”. En este escrito te contamos los hitos que hicieron de este hombre el gran activista del arte contemporáneo chileno. Para esto conversamos con Navarrete quien fue el curador de la muestra que se exhibe hasta este mes en el Centro Cultural de Lo Barnechea.

El hecho que cambió la vida de José Balmes para siempre, fue el temprano exilio de su país natal. Su padre era miembro de la Izquierda Republicana, siendo incluso alcalde de Montesquieu, el pueblo donde vivían en Cataluña. Al terminar la Guerra Civil Española, con Franco como el ganador indiscutido, la familia de Balmes debe salir a refugiarse a Francia. Él mismo le contó a Navarrete cómo le había impactado, siendo un niño de 11 años, el atravesar los campos para llegar a Francia, pasando frío y hambre, para luego ser “rescatados” por esta gran figura que era Pablo Neruda. En esa época el presidente de Chile era Pedro Aguirre Cerda, del Partido Radical, cuyas ideas estaban muy relacionadas con la Izquierda Republicana. Por esto, nombra a Neruda cónsul especial para la organización del asilo en Chile de estos exiliados y su embarco en el Winnipeg. El recibimiento abierto y generoso de este país siempre le quedó grabado, afirmando que Chile era el “mejor exilio”

Balmes desde pequeño supo que quería ser pintor y ya alrededor de los 15 años, va a clases en la Academia de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Ahí mismo conoce a Gracia Barrios y junto con ella y otros, siendo ya estudiantes regulares, forman el Grupo de Estudiantes Plásticos. La formación de este grupo es fundamental ya que es donde primero demuestra sus dones de liderazgo y de activismo. El GEP lo forman para lograr modificar una enseñanza de arte que consideraban insuficiente y anacrónica con respecto a las discusiones y propuestas que se estaban gestando a nivel internacional. Debemos entender que a mediados de los ’50 y a principios de los ’60, respectivamente, recién se forman en Chile dos grupos, Rectángulo y Signo (creado por Balmes y otros) que van a presentar ideas sobre la abstracción y sobre el arte moderno en general. La mayoría, antes de esto, estaba pintando lindos paisajes decorativos bajo los preceptos pictóricos del academicismo

A principios de los ’60, Balmes y algunos miembros del grupo Signo viajan a Europa. Exponen como grupo en París y España y se empapan de las corrientes Informalistas que lideraban la vanguardia europea de la época. El Informalismo se gestaba en Europa paralelo al expresionismo abstracto estadounidense, con exponentes como Antoni Tápies y el grupo español El Paso. Se trataba de un expresionismo que incluía al cuerpo en su proceso, al gesto rápido y automático desde el inconsciente, el moverse dentro del lienzo, que por esta misma razón aumenta en tamaño. Se genera una apreciación de la materia y la pintura como lo fundamental en el cuadro y no como una herramienta para representar lo que se ve. Lo interesante es que al volver de este viaje, Balmes siente que esta cosa puramente pictórica de los países del norte no llena lo que él quiere decir en su arte y comienza su periodo post-informalista, donde con el gesto y la mancha y sobre todo agregando recortes de diario y otros recursos gráficos, va a denunciar la violencia y la injusticia que ve en su propio tiempo.

Desde que José Balmes termina sus estudios, pasa a ser profesor de pintura en la U. Chile, siendo luego Director de la Escuela de Bellas Artes e incluso Decano de la Facultad de Arte por un par de años. Por supuesto que su rol fue fundamental en las reformas universitarias que se hicieron a través de los años ’60. Así como desde joven reclamó por una educación artística de calidad, de adulto se involucró en que esto se llevara a cabo. Le dio prestigio a la Facultad y formó una Academia actual y comprometida con los tiempos.

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La Universidad de Chile en general y la Escuela de Arte en particular, tenían una estrecha vinculación con el gobierno de Allende y con la izquierda política. Muchos alumnos de la Escuela de Arte participaron activamente en las campañas de Allende siendo parte de las brigadas muralistas. Tan estrecho era el vínculo que Salvador Allende dio su discurso triunfal, la noche de las elecciones, desde el balcón de la FECH. Luego del Golpe, el Gobierno Militar casi destruye la Facultad, quemando libros y obras y deteniendo a muchos alumnos y profesores. De hecho el crítico de arte Antonio Romera acusa a Balmes, en El Mercurio en Enero del ’74 de la politización y destrucción del arte chileno. El pintor ya estaba en el exilio.

Mientras aún estaba Allende en el poder, Balmes cumple otro rol muy importante que es el da la Operación Verdad y la consecuente creación del Museo de la Solidaridad Salvador Allende. Corría el año ’71 y Salvador Allende estaba recibiendo una dura crítica de la prensa nacional e internacional, influenciada por Estados Unidos y sus aliados, sobre el desastre económico y político en que estaba inmerso Chile. Para contrarrestar esto se crea la Operación Verdad y surge la idea de crear un Museo de Arte Contemporáneo para el pueblo de Chile, que se constituiría de obras donadas por artistas de todo el mundo, demostrando su solidaridad hacia Allende y su gobierno. José Balmes estuvo en el centro de esta gestión a la que sumó al crítico de arte español José María Moreno, a quien había conocido en Europa y a Mario Pedrosa, importante intelectual brasilero que se encontraba exiliado en Chile, producto de la dictadura militar en su país y quien estaba muy bien conectado con los centros artísticos del mundo.

Esta labor de recolección de obras, que juntó a nombres tan grandes como Frank Stella y Joan Miró, fue continuada post Golpe Militar a través de los militantes en el exilio. José Balmes se fue casi inmediatamente exiliado con su familia a Francia donde vivieron por alrededor de 10 años. En Francia llegan a vivir a la residencia artística La Ruche, que existía desde principios del siglo XX, y donde, nos cuenta Navarrete, ocupaban el mismo estudio en el que había vivido Marc Chagall. En el exilio, el incansable Balmes no deja de activar. Se relaciona con los otros artistas que vivían en La Ruche como Ernest Pignon-Ernest, se relaciona con otros pintores chilenos residentes en Europa como Marta Colvin, Mario Azócar y Roberto Matta entre otros, además con sus colegas de La Sorbonne donde hacía clases. No cesó de impulsar la concientización internacional y la protesta por la situación que se vivía en Chile. Constantemente organizaban peñas, conciertos y talleres artísticos, incluyendo una profusa actividad muralista para darle una cara visual a la represión que vivían sus compañeros en Chile.

Su mujer, Gracia Barrios, nunca pudo acostumbrarse a la vida parisina y cuenta su hija Concepción, que se negó a hablar francés. Le insistía continuamente a Balmes sobre volver a Chile. Finalmente Balmes, bajo su sorpresa, es invitado a ser profesor de pintura en la U. Católica, puesto que había demandado en la Universidad de Chile, pero que se le había negado debido a que estaba completamente intervenida por los militares. De hecho la fama de activismo de Balmes era tal, que el mismo Gonzalo Cienfuegos, quien hizo la gestión, cuenta que tuvo que “empeñar sus bolas” ante el Director de la Católica para afirmar que Balmes no movilizaría políticamente a sus alumnos. Igualmente desde que volvió el ’86 hasta el término de la dictadura el año ’90, su casa estuvo siempre vigilada por un auto de la CNI. De hecho La Sorbonne gestionó el traslado de Balmes a la Católica a través de la Unesco para poder protegerlo.

Cuenta Carlos Navarrete que Balmes se vino a Chile y no quiso salir más, amaba este país que lo había acogido y en Europa ya había visto lo suficiente. Disfrutaba de la cordillera, de la playa y de los mariscos, así como de la marraqueta que incluyó en varios de sus cuadros. Por esto la muestra que se exhibe hasta el 30 de Julio en el Centro Cultural El Tranque de Lo Barnechea se llama así “Volver a Chile” (todas las fotos son de obras expuestas ahí). Muestra la relación de este artista con Chile, su profundo arraigo al país, su sensación de que había llegado “al mejor exilio”. Un país que lo siente pobre pero con dignidad y que lo marca desde que llega como un modesto refugiado a vivir cerca de la Av. Matta, donde los vecinos se prestaban el diario y compartían el pan.

José Balmes ha sido fundamental en la historia reciente del arte en Chile, tiene un lugar que se ganó con su compromiso con el entorno y a través de sus amplios dones de líder y de activador. En palabras de su hija Concepcion “El antes de pintar necesita compartir, es como entiende su pintura, conectado con el otro y lo necesita como interlocutor para contarle”. Para Balmes el arte no se trataba de hacer un lindo ramo de flores, como el mismo decía, las vivencias de su vida y su visión de mundo lo obligaban a un arte que hiciera memoria y fuera testimonio de un presente que él consideraba injusto, violento y totalmente fragmentado.

Si quieres saber más de José Balmes te invitamos a ver un excelente  y entretenido documental “Balmés, el doble exilio de la pintura” producido por Tripio Films y dirigido por Pablo Trujillo.

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