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La colección de arte moderno de Peggy Guggenheim se hizo en base al tesón de una mujer que decidió dedicar su vida al arte, a los artistas y a la vida bohemia que ello significaba. Hizo de galerista en un mundo dominado por hombres, llevó a Londres la vanguardia continental, compró a todos los modernistas de Paris y en Nueva York unió a Surrealistas junto a los nuevos talentos de la incipiente Escuela de Nueva York. Su apoyo económico dio libertad a muchos artistas y escritores para dedicarse a crear, y todo esto por la pasión que ese mundo de vanguardia estética y de relajos sociales le provocaba. Una vida extraordinaria que legó una colección de arte única que no solo tiene una dirección visual si no que está imbuida en una época y en las relaciones que Peggy iba forjando. Esta es la historia de cómo logró crear lo que es hoy la Colección Peggy Guggenheim alojada en el Palazzo Venier dei Leoni en Venecia.

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La familia Guggenheim es famosa en Nueva York y en el mundo del arte. Peggy pertenecía a la dinastía judeo-alemana que emigró en el siglo XIX a Estados Unidos y que en dos generaciones pasaron de ser vendedores ambulantes a líderes de la minería mundial, controlando el 75% de la plata, el cobre y el plomo, incluyendo Chuquicamata en Chile. Su padre Benjamin Guggenheim murió en el Titanic vestido de smoking luego de negarse a usar un salvavidas y saltar a un bote; apeló a su dignidad. Peggy tenía 13 años y le afectó muchísimo, el resto de su adolescencia la pasó al lado de una madre un poco loca y muy controladora. Pronto en su vida esta mujer decidió que no llevaría la vida burguesa que le estaba destinada por nacimiento -los círculos de la elite judeo-alemana eran extremadamente cerrados- y que superaría la aburrida y confinada existencia como esposa de su clase y de su época.

Iniciando su fama como oveja negra de los Guggenheim, Peggy en 1920, a los 22 años se va a Paris de viaje para no volver a Estados Unidos, mas que en contadas ocasiones, por 20 años. En Francia se casó con el artista y rey de la bohemia Laurence Vail, a quien había conocido en los círculos del Greenwich Village en Nueva York. Tuvieron dos hijos y una vida marcada por el consumo de alcohol y la agresión física que este hombre le propinaba. Pero también una vida ligada al mundo libertario de los cafés de Montparnasse y el Latin Quartier, y de la intelectualidad del París de los años ’20. A su círculo pertencía Man Ray y su musa Kiki de Montparnasse, la poeta Mina Loy y su primo Harold Loeb. En esta época, también va a frecuentar a Marcel Duchamp, a través de su amiga Mary Reynolds. Años después el artista va a tener un rol fundamental en la creación de su colección.

Peggy Guggenheim, Laurence Vail, Pegeen Vail y Sinbad Vail

Finalmente se separa de Vail y comienza una relación con el quien ella considera el amor de su vida, John Holms, un gran intelectual según quienes lo conocieron pero quien estaba constantemente bloqueado para producir. Ya en esta época comienza a sostener a artistas como la escritora Djuna Barnes a quien le dará una asignación mensual de por vida. Holms quien también era alcohólico y maltratador muere sorpresivamente en una operación simple. Será en este momento en que Peggy, a pesar de su duelo, comienza a desarrollar su verdadero ser, ya casi a los 40 años.

Esto comienza con la apertura de Guggenheim Jeune en 1938, su galería de arte ubicada en la Cork Street de Londres. A pesar de que comercialmente no funcionó, sí fue aclamada por el público y la crítica. Aconsejada por Duchamp, quien le enseñó la diferencia entre arte abstracto y surrealismo y quien la introdujo a la mayoría de los artistas, expuso a Cocteau, a Tanguy y a Kandinsky, este último por primera vez en Inglaterra. De cada exposición compraba al menos un cuadro, comenzando con esto el embrión de su colección.

Pronto decide cerrar la galería y crear un museo de arte moderno en el que también pretendía vivir. Para esto, el historiador Herbert Read le da una importantísima lista con los nombres que deberían estar presentes en ese museo. Lista en mano Peggy se va a Paris a comprar “un cuadro por día” en su famosa frase. Y acá la historia marca su destino. Los Nazi comienzan a avanzar por Europa, persiguiendo no solo a judíos si no también destruyendo lo que consideraban “arte degenerado”, los modernistas ansiosos por escapar comienzan a vender a precios bajísimos y Peggy se beneficia de esta circunstancia.

Peggy Guggenheim en ese momento reunió una colección que hoy cuesta billones de dólares por 40.000 dólares. A pesar de ser una Guggenheim, Peggy era de la rama “pobre”. Al morir su padre, sus hermanos se dieron cuenta que no había invertido bien y crearon un fideicomiso para rescatar el estado financiero futuro de sus sobrinas. Por lo tanto a Peggy le llegaba una importante suma todos los meses pero que no se comparaba con los billones de sus tíos. Siempre en su vida se preocupó del dinero y de gastarlo según sus prioridades, así fue como armó la primera parte de su colección de 125 obras.

Fernand Leger

Rene Magritte

Vasili Kandinsky

Yves Tanguy

Esta mujer judía, con pasaporte estadounidense y con una colección de arte degenerado aún se paseaba por París cuando los Nazi estaban a kilómetros de distancia. Le pidió al Louvre almacenar su colección, pero éste se negó, afirmando que era “demasiado moderna” y por lo tanto “no valía la pena guardarla” (incluía obras de Kandinsky, Klee, Picabia, Braque, Gris, Mondrian, Leger, Miró, de Chirico, Magritte, Dalí, Giacometti, Brancusi, etc.). Finalmente encontró la solución; embarcó su colección a Estados Unidos mezclando las obras de arte con sábanas, vasijas y otras cosas del hogar. Pero Peggy no solo salvó las obras si no que también a los artistas. Ayudó a muchos a salir de Europa. Ella misma junto a Laurence Vail, su nueva esposa, sus dos hijos y Max Ernst quien se convierte en su amante y luego en su marido, se trasladan desde Portugal a Nueva York. La ciudad, que había dejado hace 20 años y que para ella representaba todas las restricciones de su crianza, se convertiría en el lugar donde marcaría la historia del arte moderno.

Nueva York en la época de la Europa ocupada, se convierte en el centro de la vanguardia artística. Toda una escena se trasladó desde París a Nueva York; Tanguy, Matta, Ernst, Breton, Chagall, Masson y otros. Peggy quien los conocía a todos, decide abrir una galería/museo donde esta movida se comenzó a juntar y a entretener, imitando la vida de cafés en París. A la galería Peggy la llamó “Art of this Century” y se encontraba en el séptimo piso de un edificio en Manhattan. Para que fuera un lugar lo suficientemente llamativo para que la gente subiera, Peggy contrató a Frederick Kiesler, un arquitecto/teórico de origen austríaco, quien creó un modo de exhibición absolutamente radical, incluso para estándares actuales y que hizo de “Art of this Century” un ícono en si mismo. Creó artefactos únicos para visualizar las obras de forma cercana, paredes curvas y asientos de formas orgánicas. Concibió un espacio vibrante e innovador que te entregaba una experiencia totalizante, un gesamtkunstwerk, en palabras de Kiesler.

Max Ernst y Peggy Guggenheim en “Art of this Century”

Pero lejos lo más interesante que sucedió en ese lugar y lo que vio nacer esta ambiente trasladado, fue el paso entre el Surrealismo europeo y la Expresionismo Abstracto, y en este sentido Peggy y Roberto Matta fueron fundamentales. Peggy desde la época de su galería londinense que tenía gran interés en mostrar nuevos talentos y esta idea la siguió desarrollando en Nueva York. A la galería de Peggy llegaron Motherwell, Baziotes, de Kooning, Rothko y Pollock, artistas jóvenes y desconocidos que nadie más quería exhibir y que en ese lugar se comenzaron a codear y reunir con la vanguardia europea.

Willem de Kooning

Mark Rothko

Por su parte Matta ya efectuaba con ellos sus talleres de “automatismo” que los orientaba a crear desde el inconsciente y el mundo onírico, como lo hacen los surrealistas, pero ya no desde la pintura figurativa e incluso de precisión fotográfica de Magritte o Dalí, si no desde lo abstracto (Matta en esta época creaba sus impresionantes abstracciones morfológicas). Con esto Matta produjo una alquimia que daría paso a la vanguardia americana, arte que además aconsejó a Guggenheim para que comenzara a coleccionar, sobre todo a Jackson Pollock.

“Mural” de Jackson Pollock encargado por Peggy para su departamento en Nueva York

Pollock fue la gran estrella de Peggy. Una hombre tosco, torturado y alcohólico pero con un talento extremo para la pintura y cuya obra y persona se harían más famosas aún luego de su prematura muerte en un accidente de auto. Fue Piet Mondrian quien le dijo a Peggy, sobre un cuadro de Pollock exhibido en la galería, que era de lo más interesante que había visto en su vida. Peggy se dedicó los próximos cuatro años a empujar la carrera de Pollock. Le dio cuatro exhibiciones individuales en su galería y por dos años le asignó una mesada para que produjera tranquilo, además de ayudarlo a comprar una casa en el campo para alejarlo de su autodestrucción. Con esta amplitud de espacio, comienza a desarrollar sus obras de enorme tamaño donde envuelve su cuerpo entero en el proceso de pintar; action painting.

Ya hacía el año ’47 Peggy está cansada, la guerra terminada y decide volver a su amada Europa. En su colección ya no sólo existía el Modernismo Europeo si no también la última vanguardia salida de Nueva York, cuyas obras casi nadie en Europa había visto y que hacían de la suya una colección única. Esta vez siente que París está decadente, que Londres está destruido y se decide por Venecia, ciudad que se vio muy poco afectada por la guerra. En ese momento su abogado logra romper uno de sus fideicomisos y con eso se compra el Palazzo que tanto había buscado. El Palazzo Venier dei Lione fue construido a fines del siglo XVIII por una antigua familia aristocrática que debe parar su edificación por la invasión napoleónica, dejándolo de un solo piso. El Palazzo daba al Gran Canal y era perfecto para Peggy, su arte y sus decenas de perritos que va a criar.

Peggy Guggenheim fue invitada a exponer en la primera versión de la Bienal de Venecia después de la guerra. La presencia de su colección, sin duda ayudó a cimentar a Venecia como un centro de arte moderno y contemporáneo. En 1951 comienza a abrir las puertas de su Palazzo para visitarlo como museo ciertos días de la semana, lo que se convirtió rápidamente en una atracción turística. Muchas veces sus invitados se encontraban con turistas deambulando por sus piezas.

Peggy Guggenheim vivirá el resto de su vida ahí, dedicada a invitar -todos desde John Cage con Merce Cunningham, Yoko Ono, a los poetas Beats, estuvieron ahí-, a tomar sol y pasear en su góndola -la última góndola privada de Venecia- y a decidir el destino de su colección luego de su muerte. En esos años la colección fue mostrada desde el Tate al Louvre, museos que también la cortejaron para que se las donara. Finalmente se decidió por la fundación de su tío Solomon Guggenheim, quien con infinitamente más millones que su sobrina legó un imperio de cultura, incluyendo hoy el icónico museo en Nueva York por Frank Lloyd Wright, el de Bilbao y el de Peggy que se aloja aún en su Palazzo de Venecia.

Acá les dejo el bello y entretenido documental “Peggy Guggenheim: Art Addict”, con subtítulos en español, dirigido por Lisa Immordino Vreeland.

 

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